A pesar de haber hecho un montón de cosas que inevitablemente alteraban mi rutina, me he portado muy bien y he aguantado las largas jornadas de turismo. El primer día fuimos a Madinat Jumeirah; yo no iba allí desde el día de Reyes. Al día siguiente, después de mi clase en el gimnasio, nos encontramos todos en el Dubai Mall. Intentamos después subir al Neos, un bar con una vista privilegiada en el piso 63 del hotel Address, pero por primera vez me discriminaron por mi edad y no me dejaron entrar. Mientras ellos disfrutaban de la vista, yo me quedé abajo con papá mirando unas fuentes de colores en el jardín del hotel.
El miércoles por la mañana fuimos a Abu Dhabi a visitar la mezquita de Sheikh Zayed, que es la tercera más grande del mundo (tras las de La Meca y Medina). Es un sitio muy agradable, estuve jugando en la alfombra de colores y toda la gente era muy amable.
El viernes por la tarde, ya para cerrar la semana, fuimos al centro de Dubai. Por primera vez monté en barco, y fue en un abra, las pequeñas canoas que atraviesan el Creek, entre las zonas de Bur Dubai y Deira. El viaje cuesta 1 dirham y fue una experiencia muy pintoresca.
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