Thursday, June 30, 2011

Mi primer colegio

Hoy es el primer día de vacaciones de mi vida... Por ahora parece el comienzo de un fin de semana normal, pero ya el próximo lunes me daré cuenta de lo que significa que la rutina se detenga por una temporada.


Comienzan las vacaciones después de mi primer trimestre en el colegio. Desde mediados de abril empecé a ir a mi guardería, Inspire Children's Nursery. Ha sido un aterrizaje suave en la vida de estudiante, yendo sólo 3 días por semana de 8 a 12. Además, he estado en la misma clase donde ya iba mi amiga Luciana, así que no llegué como un absoluto desconocido.


Los primeros días estuve sólo un par de horas para irme adaptando. En general, estuve siempre tranquilo y sólo lloré un par de veces al ver que papá o mamá se iban y me tenía que quedar en el colegio sin ellos. Al poco tiempo ya me había convencido de que estaba en un entorno seguro, donde podía jugar todo el tiempo con mis nuevos amigos, y rodeado de gente cuya única preocupación es que estuviésemos bien y divirtiéndonos.


Una de esas personas tan especiales ha sido Novella, mi primera profesora y quien hizo que disfrutara plenamente de esta experiencia desde el primer día. Y gracias a quien hoy puedo decir que he hecho grandes progresos: he aprendido a comer solo, he aumentado mi repertorio de canciones, he mejorado en coordinación y en agilidad, entiendo cuándo hay que cumplir con una rutina determinada y he aprendido a compartir con los demás. De todas las actividades, probablemente las que más me gustaban era la hora de juegos en el sótano, con todo ese espacio y esa cantidad de juguetes, y la hora de piscina de los miércoles.


Una de las consecuencias de empezar a ir a la guardería, dicen, es que nos enfermamos un montón. Yo la verdad no me puedo quejar, en general, aunque por supuesto algo cogí y lamentablemente perdí algunos días: estuve dos semanas sin poder ir por culpa de un virus que me produjo fiebre -nada importante- y que además me provocó una reacción alérgica en todo el cuerpo. En vez de a clase, tuve que ir prácticamente cada día al doctor. Y lo peor es que coincidió con la visita de mi tía Patricia y Miguel Ángel, y nos impidió disfrutar plenamente de su estancia. El doctor -y todos los demás- no están de acuerdo con el diagnóstico de mi papá, pero él insiste en que la alergia seguramente haya sido a la presencia de mi tía... 


Para quienes les gusta mi página en Facebook, o quienes me siguen como @emiliomontes en Twitter, he ido contando poco a poco algunos detalles más del día a día. Así seguiré haciéndolo, e intentaré seguir escribiendo regularmente en el blog elaborando en más detalle todas las nuevas experiencias.


Para terminar, y hablando de aprender, quiero tener un recuerdo muy especial de mi tío Alejandro: él sí que ha dejado una huella enorme en todos aquellos que han compartido momentos de su vida. Espero, en la medida en que me haga mayor, poder comprender y ser capaz de valorar y aplicar todas sus enseñanzas. Te queremos mucho.

Sunday, April 10, 2011

Mi nueva habitación, nuestra nueva casa

Regreso de nuevo con la intención de mantener el blog al día, después de estos meses de abandono. Tras el viaje a Tailandia, disfruté mucho de los días con mis abuelitos y mi tío Pipe en Dubai, pero en cuanto se fueron hemos estado muy ocupados, entre otras cosas, con la mudanza.

Durante febrero nos cambiamos de casa: seguimos estando en la zona de Marina, pero hemos cambiado de edificio. Ahora estamos en un apartamento más grande, con una terraza enorme donde me encanta pasar las tardes jugando fútbol (aunque suene increíble) con papá, y con mucho más espacio para todos.

Mi habitación, por ejemplo, es más grande que la antigua habitación de mis papás. He podido acomodarlo todo de modo que me quedase un enorme espacio para jugar. Mi cuna, en una esquina -y en la que pude meterme solo hace un par de semanas, pero aún me cuesta escaparme de ella-, es uno de mis rincones favoritos para sentarme a leer. Mi armario, que ya no tengo que compartir con mamá, tiene espacio suficiente para acomodar mis pintas de aquí a un par de años. Y todos los juguetes están ordenados pero siempre al alcance de la mano.

Este fin de semana hemos estado dando los últimos retoques a la decoración de la habitación y tanto mamá como yo hemos quedado muy contentos con el resultado. Ahora, ya podemos disfrutar de ese rincón mientras estemos en casa... pero ese "mientras" es otra historia, para la próxima.

Friday, January 14, 2011

Bangkok: Días 5 y 6

El miércoles nos levantamos tarde otra vez. Fuimos un momento a la juguetería que ya mencioné y todos estábamos sorprendidos de la variedad y calidad de los juguetes de madera. Pero tuvimos que volver rápido a casa porque ya nos recogían para hacer un tour por la ciudad.


El único problema del tour es el tráfico tan denso de Bangkok, que hace muy lentos los desplazamientos; pero de cualquier modo mereció la pena. La primera parada fue en el templo de Wat Traimit (literalmente, "de los tres amigos"), donde está el Buda de Oro: una estatua de oro macizo -de hecho, la mayor estatua de oro del mundo- que mide unos 3 metros y pesa unas 5 toneladas y media. Estuve jugando por todo el templo, mientras había algunos monjes y otras personas adorando a Buda, pero toda la gente fue muy amable conmigo y muchos incluso querían también jugar. Después fuimos a un segundo templo: el Wat Pho, donde está el famoso Buda Reclinado, una mole de 15 metros de alto por 40 de ancho. No es el más grande (sólo es el tercero de Tailandia) pero dicen que es el más hermoso.  Por el camino vimos varios templos muy bonitos, pero muchos de ellos no permiten la entrada de visitantes.

La otra parte del tour era un paseo en barco por los canales de la ciudad. Fuimos al muelle donde cogimos un barco largo, estrecho, con un motor enorme que hace mucho ruido. Un barco parecido al que cogieron mis papás para ir al mercado flotante, pero mucho más largo. Durante el trayecto se ven casas de locales de todos los tamaños y formas, ricas y pobres... incluso había algunas señoras en pequeñas canoas vendiendo comida a los barcos más grandes. A mitad de camino el sueño me venció y dormí el resto del tiempo e incluso después en mi cuna al volver a casa. Pero antes de regresar paramos en el Wat Arun, el "templo del amanecer", que queda enfrente al Wat Pho y el Gran Palacio, al otro lado del río.

Por la noche fuimos a cenar, por fin, al Zalute (el restaurante enfrente de la juguetería): fue una cena también exquisita (aunque yo, igual que todos estos días, no quise probar casi nada). Me quedé al postre solo con mis abuelitos, pues mis papás se fueron al terminar el plato a hacerse un masaje tailandés de 2 horas. Nos volvimos a encontrar en casa y regresaron con una cara de relajación que, supongo, quiere decir que el masaje realmente sirivió.

Ayer, jueves, lo primero que hicimos fue volver a Plan Toys a terminar de escoger y comprar unos cuantos juguetes: todos me encantaron y disfruté mucho en la tienda jugando con todo mientras mis papás y abuelitos miraban y miraban las estanterías. Después, volvimos a Siam Paragon a hacer unas pocas compras más, y por la noche me volví a quedar solo con mis abuelitos mientras mis papás se fueron a cenar y a escuchar jazz. Yo me fui a dormir antes de que regresaran; no fue tan tarde y hoy todos nos hemos levantado un poco más temprano para aprovechar el poco tiempo que nos queda aún en Bangkok.

Tuesday, January 11, 2011

Bangkok: días 3 y 4

Ayer por la mañana me desperté muy tarde, casi a las 10 am. Cuando me levanté, me encontré con que estaba solo con mis abuelitos. Mis papás se habían ido a las 7 am a visitar el mercado flotante de Damnoen Saduak, el más tradicional. De regreso pararon a montar en elefante: me hubiera gustado poder hacerlo, pero me temo que me voy a tener que esperar unos cuantos años antes de hacerlo.

Damnoen Saduak
Al final regresaron a casa casi a las 2 pm. Intentamos encontrar algún sitio para almorzar cerca, pero a los restaurantes que nos habían llamado la atención llegábamos justo cuando estaban cerrando. Yo decidí dormirme mientras ellos se tenían que conformar con un poco de comida rápida para engañar el hambre y, cuanto antes, volver a casa para terminar mi siesta y descansar un poco.

Después, al final de la tarde, salimos a caminar por la calle de Silom, que está a una media hora. Vimos edificios muy bonitos al lado de otros muy mal tenidos: es una ciudad de contrastes permanentes y de sorpresas a cada paso. Vimos también un gran ejemplo de generosidad, cuando un camarero de un pequeño restaurante le regaló dinero a un viejito que iba por la calle empujando un carro, y cómo le pagó con una mirada de agradecimiento enternecedora.

Al final del paseo, después de pasar por un templo hindú, llegamos a Baan Silom, una pequeña plaza con un hotel y un montón de tiendas y restaurantes. Mamá y mi abuelita estuvieron un rato escogiendo sus compras y, después, tomamos una cena exquisita en Niu’s, donde además tocan jazz en vivo (pero sólo empezaba cuando nosotros ya nos teníamos que ir).

Hoy nos levantamos un poco más temprano, yo a las 9 am. Fuimos al zoológico de Dusit y, aunque todavía no le hago mucho caso a los animales, lo disfruté y jugué con algunos niños locales. Vimos el espectáculo de las focas, cuyos juegos me recordaban mucho a lo que hago yo en mis clases de natación - pero a ellas les dan pescadito cuando hacen algo bien.

Después de comer fuimos a la zona comercial de Siam: mamá estaba encantada con las tiendas de ropa y yo mientras hice la siesta. Hicimos algunas compras más en el Siam Paragon, un centro comercial enorme donde volveremos a ver el acuario. Cenamos -yo me comí más de la mitad del pollo de papá- y regresamos a casa en el Sky Train, un metro elevado muy rápido y muy cómodo, para darme un largo baño con papá y, por fin, irnos a dormir. Mañana parece que será otro día movidito.